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ARTÍCULO DEL PRESIDENTE

El pasado sábado, sin ningún lugar a dudas, fue un día difícil para los cofrades cordobeses. La responsabilidad debía primar sobre el legítimo deseo de conmemorar la pasión, muerte y resurrección de Jesús y por ese motivo se suspendían las salidas procesionales de nuestras cofradías que no la Semana Santa, como aún se lee por ahí.

Aunque el próximo Domingo de Ramos la chiquillería vestida de hebreo no nos anuncie la llegada de Jesús a lomos de la Borriquita, seguirá siendo Domingo de Ramos y, el Viernes Santo, Jesús seguirá muriendo en la cruz para redimirnos a todos y posteriormente resucitar en la mañana luminosa del Domingo de Resurrección, que nos hará guiar nuestro pensamiento y nuestros ojos hacia una parroquia de Santa Marina de Aguas Santas que se llenará de alegría, aunque no hayamos podido ver brillar el dorado de su nueva bambalina.

La suspensión de las estaciones procesionales de nuestras hermandades ha supuesto un duro golpe para todos los que esperábamos que terminase una cuenta atrás que hemos mantenido durante un año completo y que estaba ya a punto de rozar su fin, motivo por el que quizás se nos haya hecho más doloroso aún.

De un momento a otro, nos encontramos ahora inmersos en una crisis excepcional que requiere tomar medidas excepcionales. Un momento histórico para el que nadie estaba preparado y que, no obstante, debemos afrontar, adaptándonos a los cambios que se suceden cada pocas horas y teniendo siempre en mente el bien común de todos los cordobeses y cordobesas.

En un momento así, quiero apelar a la fortaleza y a la unión de todos los cofrades. Aunque no es solamente para ellos para quienes el contador se ha puesto a cero. Los comerciantes, la hostelería, el sector turístico en general también tendrá que comenzar una nueva cuenta atrás. Estamos seguros, y lamentamos igualmente, que este sector, tradicionalmente tan poco comprometido y poco colaborador con nuestra Semana Santa, también se vea afectado por esta decisión, que conllevará pérdidas económicas que prevemos importantes.

Probablemente, tampoco escuchemos en estos días las voces de esos colectivos que aprovechan estas fechas cercanas a la Semana Santa para tener el protagonismo que no tienen el resto del año; también para ellos se inicia un nuevo periodo para buscar el sustituto de «los tornillos» de este año.

El punto positivo es que, quizás, de un momento difícil como el que estamos viviendo seamos capaces de sacar un aprendizaje importante para todos: el saber valorar, si no lo hacíamos ya, la importancia de la Semana Santa en nuestra ciudad y comenzar a trabajar por ella en lugar de refugiarnos en críticas, muchas veces sin sentido, y empezar a no entorpecer el gran trabajo de muchas personas que luchan por enaltecer nuestra semana grande.

Por una vez, lo que se nos ha pedido es la colaboración, la responsabilidad y dejar a un lado el egoísmo. Precisamente por esto, la decisión a la que se ha llegado es la más adecuada, para salvaguardar la salud de todos y cada uno de los que habríamos salido a la calle a partir del 5 de abril, y de todos los que nos rodean.

Se trata de una situación que llega en el último año de mandato de la actual junta de gobierno de la Agrupación de Hermandades y Cofradías y desde esta institución somos los primeros en lamentar este estado de alarma, pero somos conscientes de que seguiremos trabajando por los cofrades y por todo aquel que lo necesite, desde la responsabilidad social que consideramos que debemos tener.

Y se habla, de cualquier forma, de la suspensión de las salidas procesionales y no de la Semana Santa, que continúa. No podemos olvidar que su sentido es religioso, que se celebra la pasión, muerte y resurrección de Jesús y que eso no habrá nunca ningún virus, ni colectivo sectario que consiga quitárnoslo.

Aunque este año no podamos presenciar las imágenes recorriendo las calles de nuestra ciudad al son de las marchas y bajo la mezcla del incienso y el olor del azahar, aunque no podamos disfrutar del recogimiento y oración en nuestro templo mayor, más que nunca podemos, y debemos, acudir a la oración particular y privada, a la petición a nuestros sagrados titulares para que intercedan por nosotros y recuperemos, lo antes posible, una normalidad que en estos días se nos antoja tan necesaria.

En ese momento, además, comenzaremos una nueva cuenta atrás, más larga de lo que esperábamos, pero que nos llevará a una Semana Santa aún más esperada y, sin ninguna duda, muy especial.