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EL PREGÓN DEL RECUERDO

Bajo la dirección de Miguel Ángel de Abajo, seis pregoneros declamaron los textos de pregones que quedaron en la memoria.

ABC:

Aunque no anuncie una Semana Santa de Córdoba con procesiones, como todos los presentes querían, la fiesta se ha cantado este sábado con un pregón, y ha sido el pregón de las sorpresas y de las novedades. Se sabía que sería un texto a seis voces, pero ha habido mucho más.

El pregón de la Semana Santa de Córdoba ha comenzado con unos versos pronunciados por Miguel Ángel de Abajo en su pregón de 1998: «¡Madre!, levanta, despierta! / ¡que ya es Domingo de Ramos! / ¡Padre!, ¡descorre cortinas!, / que el sol está despuntando. ¡Madre, prepárame pronto, mi traje nuevo planchado!».

Pero no lo ha hecho ninguno de los nombres anunciados, sino un niño de diez años, el cofrade de la Merced Pablo Gallego, que había memorizado el texto. A partir de ahí los seis pregoneros -Maite Montero, Gonzalo Herreros, Miguel Ángel Lopera, Pastora Doctor, Andrés Romero y Domingo Torres- se han ido dando la palabra en un recorrido que ha comenzado en la Virgen de la Fuensanta.

«A ti, Madre, encomendamos a todos los hermanos, nuestros queridos cofrades, que la enfermedad nos ha arrebatado en este año, a ti rogamos por todos los enfermos, en ti confiamos para que, al final del camino, podamos beber en tus manos el agua de la gracia viva, el agua de la Fuensanta», han dicho.

Comenzó entonces la lectura a base de pequeños fragmentos que se intercalaban. Se habló de Pablo García Baena, Fray Ricardo, Melguizo y Montero Galvache, pero hubo muchos otros pregoneros con distintos textos, desde Antonio Varo a Fermín Pérez, de Francisco José Mellado a Miguel Ángel de Abajo, que había dirigido la singular propuesta.

Se iban engarzando textos sobre la historia, que arrancaban con San Álvaro y continuaban con la fundación de las cofradías, las nuevas, y así aparecieron los versos de Antonio Capdevila a los costaleros del Señor de la Sangre («con orgullo lleva el paso, / que en el Viernes de Dolores / eres ese aldabonazo / que a la Córdoba sultana convierte en un templo santo»). En ocasiones se contestaban unos a otros, y Andrés Romero incluso se arrancó a cantar una saeta.

Y en cada uno, con su particular tono: el verbo refinado de García Baena, el regusto cofrade de Fray Ricardo, la memoria de Melguizo y el tono efectista de Montero Galvache, autor de versos así: «En la Magdalena, Cristo / abre su misericordia. / Cubierto de brisa y luna,/ fragante de rezo y sombras, / desde sus ojos bendice / la penitencia de Córdoba».

Cofradías antiguas, en torno al Santo Entierro, y nuevas, se iban sucediendo en una interpretación de acento teatral
Fray Ricardo contaba la salida de la Virgen del Mayor Dolor con viva descripción: «Pero, ¡chist!… ¡chist!… ¡chist!… Silencio, que ha llegado el momento». Y de Pablo no podía faltar el relato de su cofradía de Ánimas: «Fantasmagoría de la luz en los faroles de último viático, de santos óleos… Crujen como vértebras las sordas maderas que regulan el cortejo».

También hubo textos de quienes pusieron voz e interpretación a este singular pregón de 2021, aunque fue sobre todo como una antología de los pregones antiguos, sobre todo de los últimos cuarenta años. Por Melguizo se llegaba a la procesión oficial del Santo Entierro, y los pregones se iban sucediendo para hablar del Huerto, de Jesús Caído, del Cristo de Gracia, de la Expiración y de las Angustias.

Y de ahí a los Dolores: «Por eso la Virgen de los Dolores es un legado de lágrimas, patrimonio, testamentaría y solar de la oración atribulada; porque sentimos junto a nosotros el sollozar de los que nos precedieron, las manos implorantes en el hierro de su cancela, las rodillas casi a la sangre por el pedregal del Bailío, la súplica durante siglos del prodigio cotidiano, que a los pies del camarín de la que es Vida y Dulzura de cordobeses, florece con la naturalidad de la candelilla encendida».

Mientras se leía este fragmento, los demás murmuraban oraciones, porque ha sido un pregón de fuerte acento dramático, de impecable dicción y con muchos momentos de efectismo que han arrancado aplausos del público.

Los versos de muchos pregoneros de las épocas recientes cantaron a todas las imágenes
A partir de entonces tomaron la palabras pregoneros más recientes, con palabras para cofradías nuevas. De Antonio Guillaume se ofrecieron versos dedicados a la Virgen de la Estrella: «Estalló de gozo el barrio / estrenando tu luz nueva, / que por fin llegó la tarde de verte brillar ¡Estrella!».

Apareció el Rescatado y también Jesús Nazareno en el verbo de Fermín Pérez Martínez: «Sigue Jesús repitiendo cada año su lección magistral de mansedumbre doliente, sobre el prodigio platero de la peana de Cristóbal Sánchez». Justo ahí se entabló un diálogo entre los pregoneros para hablar de la Madrugada de Córdoba, y de si volverá a repetirse con más cofradías.

Y desde ahí se tenía que llegar a la Merced y su aventura de aquella noche santa. De Ángel Aroca era el recuerdo: «Suenan vibrantes los acordes de la marcha ‘Rocío’ en el alborear del Viernes Santo y los costaleros mecen a la Reina del Zumbacón con el mismo brío que la sacaron de su templo».

Un poema sobre la Esperanza cerró un texto que cantó al ansia de ver cofradías
El pregón terminó con fragmentos emotivos, como los de Javier Tafur, cuando en 2009 habló de su fallecida hija Marina. Los leyó otra vez el niño Pablo Gallego: «Y por eso, yo sé, Marina, que si no pierdo tu infancia, y si no pierdo del todo la mía, algún día te reencontraré, más allá de los puertos grises, más allá del mar y de las montañas azules, más allá de la cruz y de la sangre de tu enfermedad, más allá de la muerte, más allá de la nada, al fondo de todo, en el último bolsillo de Dios, junto al recuerdo de un beso en una estampa de la Virgen de la Alegría».

Terminaron todos unidos, también Pablo Gallego, en una sola voz con versos de Miguel Ángel de Abajo: «¡Madre de toda Esperanza! / ¡Esperanza, mi Esperanza…! / ¡Gritad conmigo su nombre, / su nombre verde Esperanza!, / ¡la Esperanza de que acabe / esta noche oscura y larga! / ¡Gritad conmigo su nombre, / ¡Esperanza, mi Esperanza…! / ¡Que tu Merced nos libere!, /¡dame la mano, Esperanza!».

El acto en el Gran Teatro ha tenido como prólogo la entrega de los títulos de Cofrade Ejemplar a Fernando Morillo-Velarde (2020) y Angelmaría Varo (2021) y la interpretación de cuatro marchas a cargo de Rafael y Eduardo Wals Dantas. El alcalde de Córdoba, José María Bellido, ha estado presente.