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Muy Mariana Hermandad Sacramental de la Inmaculada Concepción, Santo Rosario y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Fe en su Sagrada Cena y María Santísima de la Esperanza del Valle

En el seno de la Tertulia Cofrade “El llamador” de nuestra ciudad nace la inquietud de la que acabará por nacer la hermandad de la Sagrada Cena. Así el 31 de octubre de 1983 nace su junta fundacional y el 1 de mayo de 1985 se constituye canónicamente como cofradía sacramental, al considerarse continuadora de dos antiguas hermandades del Santísimo Sacramento erigidas en 1630 y 1631 respectivamente, fusionadas por decreto del obispo Agustín de Ayestarán el 13 de febrero de 1799 y regidas por unas reglas que en algunos aspectos inspiraron las normas de esta nueva hermandad. Con el fin de realizar la estación de penitencia, la hermandad adquiere la imagen de María Santísima de la Esperanza del Valle, Dolorosa anónima del siglo XIX adquirida al fotógrafo sevillano “Fernand” y que es bendecida el día 12 de mayo de 1985, imponiéndosele su corona un año después, el Domingo de Pentecostés 18 de mayo de 1986. El 11 de abril de 1987, en la primera función solemne dedicada a Nuestro Padre Jesús de la Fe, el obispo Infantes Florido le impone la Medalla de Primera Adoradora que le había concedido el Consejo Nacional de la Adoración Nocturna.

Poco tiempo después se encarga al imaginero de Puente Genil Francisco Palos la factura de la imagen del Señor. Una vez encarnada la talla por el ecijano Joaquín Ojeda, la imagen es bendecida el día 11 de abril de 1987, actuando como padrinos los Hermanos de la Cruz Blanca y el Consejo Diocesano de la Adoración Nocturna. No obstante, la imagen será sustituida por otra antes de su primera estación penitencial. La nueva imagen será realizada por el imaginero cordobés Miguel Ángel González Jurado y bendecida en la Parroquia de la Trinidad, donde la hermandad tuvo su primera sede canónica, el 24 de abril del año 1993. Por deseo expreso de la hermandad, el cáliz que lleva en sus manos el Señor es una reproducción del de monseñor don Antonio Gómez Aguilar, fallecido meses antes, y que, como responsable del templo de la Trinidad, se había desvelado por ayudar a la cofradía en su eta pa fundacional y sus primeros años de existencia.

Tras recibir la autorización de la Agrupación de Cofradías como primera en acceder al itinerario oficial el Jueves Santo, la hermandad realiza su primera estación de penitencia el Jueves Santo 31 de marzo de 1994 con un paso en el que marchaba sola la imagen del Señor puesto que hasta el año 1996 no procesionaría el apostolado realizado por Miguel Ángel González Jurado.

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El hecho de que la hermandad nunca podría salir desde el interior de la iglesia de la Trinidad y la necesidad de “competir” con el “resto de Hermandades de centro” para nutrirse de hermanos, lleva a la hermandad a mirar hacia otras zonas de nuestra ciudad. Así decide la compra de un local en la calle Francisco González Panchón, en la zona de Poniente de nuestra ciudad. El día 8 de abril del año 2000, don Joaquín Pérez Hernández, párroco de la recién creada parroquia de Nuestra Señora de la Consolación ofrece a la hermandad un templo que todavía no se ha construido y del que ni tan siquiera se han redactado el proyecto, lo que permitirá a la hermandad contemplar la futura ubicación de sus Titulares, incluido el misterio completo de la Cena, y la construcción de una puerta que permita realizar la estación de penitencia desde el interior del templo. El día 4 de febrero de 2001, cuando todo estaba previsto para que la hermandad se incorporase a la nueva sede canónica, se produce un cambio de titular en la parroquia del Beato Álvaro de Córdoba, haciéndose cargo de la misma don Tomás Pajuelo quien se muestra también favorable a la integración de la hermandad en el nuevo templo. Así las cosas, el día 1 de abril del año 2001, se celebra un Cabildo General Extraordinario en el que se decide, por unanimidad, solicitar al Obispo de Córdoba el cambio de sede a la parroquia Beato Álvaro de Córdoba.

El día 15 de mayo de ese año 2001, el Consejo Episcopal acuerda acceder al cambio de sede canónica de la hermandad que celebrará la entrada oficial en su nueva sede el día 21 de junio, al finalizar el primer día de los cultos al Santísimo Sacramento. El Jueves Santo del año 2002, la hermandad realizará ya su primera salida procesional desde su nueva sede.

En el año 2001, se sustituye la imagen de María Santísima de la Esperanza del Valle por la actual, realizada también por el imaginero cordobés Miguel Ángel González Jurado. Aunque esta imagen no procesiona actualmente, la hermandad tiene ya el diseño del que será su paso de palio. Este, será de estilo Renacimiento, con muchos elementos innovadores y muy personal. La corporación había encargado el diseño del trono a una comisión formada por cuatro personas: Francisco Mellado, Miguel Ángel González Jurado (autor de la imagen, bendecida en diciembre de 2001), Manuel González y Julio Ferreira, el vestidor de la titular. El proyecto ha sido aprobado por mayoría absoluta en un reciente cabildo general de hermanos.

En el año 2008 se cumple una vieja aspiración de la cofradía, la de poder salir desde el interior de su sede canónica, para lo cual se realizan obras de ampliación en su capilla y se habilita una nueva puerta.

El 23 de noviembre de 2008, a las 12,00 horas, el todavía obispo de la diócesis, monseñor Asenjo bendecía en acto solemne la imagen del Santísimo Cristo de la Luz, titular de la hermandad de la Sagrada Cena. Con esta obra, la corporación de Poniente veía cumplida una vieja aspiración, la de contar con una imagen titular con la que poder realizar el Vía Crucis, ese acto de piedad que introdujera en Occidente, el también titular de la hermandad, San Álvaro de Córdoba.

La efigie es obra del imaginero boliviano, afincado en nuestra ciudad, Edwin González quien, desde el primer momento, supo captar la idea de crear una imagen de Cristo en la que imperase la serenidad y llamara al recogimiento y a la devoción. Inspirado en nuestros clásicos del barroco, Edwin ha labrado un Cristo en el crítico momento de entregar su alma al Padre, por esa razón tiene los ojos entreabiertos y todavía conserva un alo de tensión en su derrotado cuerpo. Y un detalle, en el pómuloderecho del Señor aparece una lágrima furtiva. Es la firma del autor, con la que simboliza su lucha y sus dificultades, a la vez que su agradecimiento a Dios.

Sede Canónica

Parroquia del Beato Álvaro de Córdoba.