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Pontificia, Real y Venerable Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Caído y Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad

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El primer paso para la constitución de esta hermandad hay que fijarlo con anterioridad al año 1676 cuando el maestrescuela de la Santa Iglesia Catedral donó la sagrada imagen de Nuestro Padre Jesús Caído a los Carmelitas Descalzos del convento de San Cayetano, entonces denominado de San José. La donación de la imagen constituye el punto de partida del fomento de la devoción a Jesús Caído. El fervor despertado tiene un significativo refrendo en la capilla que se levanta en su honor a los pocos años, concretamente en 1676. A la imagen se la conoce con el título de Jesús Nazareno y será a partir de 1736 cuando se imponga la advocación de Jesús Caído.

Desde comienzos del siglo XVIII la imagen luce en la cabeza una corona de espinas de plata costeada con las limosnas de los numerosos devotos. La creciente devoción a Jesús Caído culmina en los inicios del segundo tercio del siglo XVIII, momento en el que se plantea la necesiad de levantar una suntuosa capilla que destaca por sus dimensiones y profusa decoración y que se inicia en noviembre de 1732 y se concluye en 1736. La efigie de Jesús Caído ocupa un lugar destacado en el altar central, mientras que en los dos colaterales se situan la antigua talla de Nuestra Señora del Socorro y dos nuevas imágenes que se encarga, Nuestra Señora de los Dolors y San Juan Evangelista. Los cultos dedicados a Jesús Caído y a la Dolorosa constituyen un indicador del notorio fervor que despiertan ambas imágenes. La importancia de este fenómeno justifica y explica el nacimiento de una cofradía pasionista en 1765 que procesionará unos lustros después el Jueves Santo por nuestra ciudad.

La fundación de la cofradía de Jesús Caído en 1765 marcará un hito importante en la devoción a esta imagen que procesionará, junto con Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad, por primera vez el Jueves Santo de 1779. Esta salida procesional levanta una gran expectación. Se da la circunstancia de que tras una pertinaz sequía, apenas traspasaban el umbral de su templo, de regreso de la procesión, cayó una lluvia torrencial, lo que en opinión del vecindario se atribuía a un prodigio de la imagen titular de la cofradía.

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La incorporación a la Semana Santa cordobesa lleva consigo una indudable vitalidad de la cofradía que se mantendrá hasta los primeros años del siglo XIX. A partir de esa fecha se producirá una fase de postración que se agrava de manera paulatina hasta llegar a la disolución decretada en el año 1818. Esta crítica situación se agudiza dos años más tarde cuando quedan suprimidos los desfiles procesionales en nuestra ciudad por el edicto del obispo Trevilla.

No será hasta 1851 cuando se reorganice la cofradía, lo que significa el resurgir de la devoción popular a Jesús Caído que vuelve a hacer estación de penitencia en ese mismo año y junto a Nuestra Señora del Mayor Dolor al año siguiente. Las dos imágenes de la cofradía participan en la procesión oficial hasta el año 1858, ya que el obispo Alburquerque toma la decisión de reducir el número de imágenes de la procesión oficial. Esta decisión supone que la cofradía entre en un paréntesis de tres lustros en el que la hermandad vuelve a entrar en una fase de aletargamiento, hasta que en 1874 se lleva a cabo una nueva reorganización de la hermandad y esta cobra un fuerte impulso produciéndose un notorio incremento de los efectivos humanos que llegan a alcanzar en 1885 la cifra de 363 personas. Esta pujanza coincide con el mandato, como hermano mayor, del torero Rafael Molina Sánchez “Lagartijo”

La crisis del movimiento cofrade en nuestra ciudad a lo largo de las primeras décadas del siglo XX tienen una incidencia menor en la hermandad del Caído, aun cuando se produce un descenso de los efectivos humanos. A partir de 1919, bajo el mandato de Rafael Flores González se desarrolla una fructífera labor que va a suponer un nuevo incremento en el número de hermanos y el poder afrontar proyectos de envergadura. Así en el año 1921 se estrena el nuevo paso de la imagen titular.

La hermandad del Caído constituye uno de los ejes en torno a los que gira la semana Santa cordobesa durante las dos primeras décadas del siglo XX, siendo la única cofradía que hasta 1918 saca por sí misma una procesión al margen del desfile oficial del Viernes Santo en el que también participa con su imagen titular. Está documentada la presencia en estas procesiones del Jueves Santo de acompañamiento musical, siendo lo más frecuente una capilla vocal e instrumental, actuando en ocasiones una banda de música y en 1921, por primera vez, una banda de cornetas y tambores.

En el año 1930 le es concedido a la hermandad el título de real y en el año 1931 el de pontificia.

Los marqueses de la Mota de Trejo realizan proyectos que darán un mayor realce a la salida procesional de Jueves Santo. Así se realizarán los respiraderos de metal plateado que se encargan a la firma sevillana Sucesores de Manuel Seco. La influencia sevillana se patentiza en el hábito penitencial de la cofradía y en los cetros y bastones que llevan los cargos, si bien es en Málaga donde se adquieren las cuatro bocinas que aún hoy procesionan.

La proclamación de la II República el 14 de abril de 1931 supone el fin del auge de la hermandad y el inicio de una crisis que también afecta al conjunto de las cofradías penitenciales y a la Semana Santa. Tras este paréntesis, la cofradía sale del aletargamiento en 1937 y empieza a cobrar un nuevo impulso.

El 10 de diciembre de 1939 es nombrado hermano mayor el torero Manuel Rodríguez “Manolete”. Durante su mandato la cofradía adquiere nuevos bríos y recobra la pujanza en esta época se refuerza la relación de la cofradía con el mundo de los toreros perteneciendo a la hermandad el torero “Machaquito”, la esposa de “Guerrita” y varios subalternos, así como miembros de la cuadrilla de “Manolete”.Durante la etapa de gobierno de “Manolete” se pone en marcha el proyecto de un nuevo paso para Jesús Caído del que se encarga el tallista cordobés Rafael Valverde Toscano.

En agosto de 1942 se aprueban unos nuevos estatutos. La potenciación que la cofradía experimenta entre los años 1948 y 1962 se traduce en un incremento en el número de hermanos. Las aportaciones económicas van a resultar decisivas para encarar los crecidos gastos que origina el proyecto estrella: el palio del paso de Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad.

La brillante trayectoria de la cofradía quedará truncada en el año 1962 cuando Rafael Gálvez del Cerro preside por segunda vez la Agrupación de Cofradías proponiendo al matador de toros “Parrita” como hermano mayor del Caído. La negativa de este a aceptar el cargo obliga a Gálvez del Cerro a continuar al frente de la cofradía que entra en una fase de crisis que se agrava hasta finales de la década de los setenta, a pesar de que en octubre de 1966 comienza la presidencia nominal del conocido locutor Matías Prats Cañete que reside en Madrid.

La elección de Rafael Jaén Toscano en septiembre de 1979 supone una inyección de bríos juveniles que dan sus frutos con la formación de sendas cuadrillas de hermanos costaleros para llevar a los Titulares. Desde entonces hasta nuestros días la cofradía del Caído mantiene una gran vitalidad.

Sede Canónica

Iglesia Conventual de San Cayetano.